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Vivienda social, ladrillos de suelo-cemento

Publicada el 02 DE JULIO 2018, 09:38 En Divulgación Científica.

Es un material alternativo a la construcción tradicional, de bajo impacto ambiental, social y económico. Se pueden hacer 1.000 diarias.

Vivienda social, ladrillos de suelo-cemento
Foto: gentileza investigador.
Por Arq. Jorge Mitchell e Ing. Javier Garro - Instituto de Ambiente, Hábitat y Energía (INAHE-CONICET Mendoza).

En el último tiempo numerosas publicaciones locales han reportado sobre las fábricas artesanales de ladrillos en Mendoza. Se informa respecto de las condiciones de producción, las relaciones laborales de estos artesanos ladrilleros, la situación de fragilidad y pobreza de las familias que allí viven y trabajan, el uso de un recurso natural no renovable, la imposibilidad de mitigación de los daños, entre otros tantos factores. 

Todo parece indicar una práctica nociva poco recomendada pero sin embargo de una gran demanda. Entonces, ¿qué hacer ante esta situación crítica que revela múltiples daños y peligros? Este interrogante nos interpela a proponer nuevos modos de producción sostenibles. 

Tecnologías alternativas 

Con el objetivo de incentivar un desarrollo local que ayude a mitigar las necesidades de trabajo y vivienda de los habitantes de las comunidades de Mendoza, un grupo de profesionales del Instituto de Ambiente, Hábitat y Energía (INAHE-CONICET) emprendimos un proceso de capacitación y posterior producción de ladrillos de arena-cemento, suelo-cemento.

Allí desarrollamos propuestas tecnológicas alternativas desde una concepción ambiental y social integral, no sólo porque nos interesa un producto amigable con el ambiente, sino que también la forma de capacitar para su producción, la oportunidad de generar un emprendimiento adecuado las propias capacidades de sus emprendedores.

Se trata de una práctica productiva de bajo costo y bajo impacto ambiental, ya que utiliza como materia prima la arena del lugar y no implica el pago de flete por transporte.

Además, al tratarse de ladrillos no cocidos, no requiere el consumo de leña, lo que disminuye la tala de árboles y la emisión de gases de efecto invernadero. La utilización de agua es controlada durante todo el proceso, desde el cuidado en el óptimo grado de humedad de la mezcla base hasta el mínimo uso durante el curado.

A partir de experiencias de capacitación, en comunidades de Pareditas (San Carlos) y Tres Cruces (Lavalle) (en la foto), sobre las cualidades técnicas, factibilidad productiva y potencialidades de uso de estos ladrillos se promueve la posibilidad de generar un emprendimiento económico pudiéndose alcanzar una escala de elaboración de mil unidades diarias.

La producción de este material, como una actividad económica rentable, permite generar trabajo endógeno local y genuino, desalentando el proceso migratorio de los jóvenes y generando trabajo asociativo con base en el cooperativismo que aliente la cohesión social y afiance el grupo como comunidad asociada.

Asimismo, permite reducir la demanda habitacional de la región y el mejoramiento de la calidad de vida en relación a su hábitat. Esto impacta directamente en una mejora del hábitat familiar, lo que se refleja en aspectos de higiene y salud para las familias, incluyendo un mejor control de enfermedades zoonóticas endémicas como el Mal de Chagas, estrechamente asociado al tipo de casas de adobe que actualmente poseen estas familias.

Cantidad y calidad

Para la producción se realiza una capacitación diaria, dependiendo de la disponibilidad del grupo, pudiéndose también realizar un día a la semana.

Se espera que la producción paulatinamente vaya progresando en cantidad y calidad. Un coordinador elegido por los participantes se responsabiliza de la tarea para capacitar al resto, haciéndose cargo de la fabricación. Se ensayan distintas mezclas, variando la dosificación (cantidades de agua, incorporación de aditivos si se requiere, tipos de arena y suelos, etc).

El relevamiento de recursos, insumos, infraestructura, equipamientos y servicios disponibles en el grupo y en el lugar, posibilita un inventario para la adecuación in-situ de la producción, encaminada a la sostenibilidad social, económica y ambiental. Su análisis, valoración y ponderación son claves para la factibilidad y desarrollo de la producción, porque impacta positivamente en los costos de producción.

La infraestructura disponible es una información clave para el inicio de las actividades de producción en donde es necesario determinar el sitio y la construcción de la plataforma de producción, dotación de servicios de agua y energía, abastecimiento de materiales, herramientas y equipos.

Se adecua la técnica de producción a las reales posibilidades de la comunidad, lo que facilita la tarea a tal punto que puede participar toda familia (padres e hijos). Se fortalece el compromiso y la disposición para la tarea por parte de los vecinos, lo que favorece el desarrollo de habilidades y destrezas propias de los participantes. Se consolida un vínculo de trabajo y de convivencia que genera sinergia entre los actores involucrados y favorece la vinculación científico-técnica.

Lo innovador del proyecto que llevamos a cabo es que utiliza al taller como modalidad de trabajo, donde hay una transferencia de conocimiento y tecnología, una adaptabilidad socio-técnica, pero en términos más exactos se trata de un encuentro de saberes más que de transferencia, es decir, ir en busca del otro y producir un vínculo.

Este es nuestro modo de hacer y haber probado, y ellos aportan su conocimiento, tan valioso como el que proponemos, y así se concreta este intercambio de saberes. En muchas ocasiones podemos caer en el error de creer conocer lo que el otro necesita, sin ni siquiera consultarlo.

En la forma participativa y por consenso radica nuestra manera de trabajar, donde las necesidades de las familias surgen de un ámbito de escucha y dialogo; creemos que esta es la manera de que no fracasen nuestros servicios y sean sostenibles en el tiempo.

Para ello, es necesario que las familias tengan un rol relevante, alcancen la apropiación del proceso y finalmente adquieran un aprendizaje compartido que les permita, en adelante, resolver por sí los problemas o dificultades que se les presentan.

Si esto se cumple, habremos logrado nuestra misión.