Contacto Correo Web Intranet

Cambio climático y los anillos de árboles en el Altiplano

Publicada el 24 DE JULIO 2017, 10:03 En Divulgación Científica.

Estudios sobre especies arbóreas del Altiplano, como la queñoa, verdadera “estación meteorológica”, han permitido determinar que las últimas décadas han sido las más secas en 700 años en esa región de América del Sur.

Cambio climático y los anillos de árboles en el Altiplano

A partir de mediados de la década de 1970 hasta el presente se registró en la región de la Puna y el Altiplano de América del Sur la peor sequía de largo plazo de los últimos 700 años.

Este descubrimiento fue posible realizarlo gracias a la mirada de largo plazo que ofrecen los anillos de los árboles y su capacidad para reconstruir el clima del pasado. La queñoa (Polylepis tarapacana) no sólo es la especie arbórea que crece a mayor altitud en el mundo (4.200-5.200 msnm), sino que es considerada una verdadera "estación meteorológica" gracias a la cual se pudo determinar que las últimas décadas han sido las más secas en siete siglos. 

Pese a ser una de las especies nativas más desconocidas en nuestro país, el estudio de los anillos de crecimiento de la queñoa ha permitido reconstruir el clima en el Altiplano a partir del año 1300, demostrando cómo el calentamiento global impacta en esta región semiárida de los Andes: no solo hay una drástica disminución de precipitaciones en los últimos 30 años, sino que en el pasado se registraron sequías que se prolongaron más de 100 años.  

"Historia climática"

Estos árboles del norte del país son verdaderos "archivos ambientales" que nos permiten entender los cambios climáticos pasados.

Hablamos de una "historia climática" que queda impresa en los anillos de crecimiento de los forestales: cuando hay más lluvia, el árbol crece más y los anillos son más anchos, y viceversa. Este trabajo forma parte de una disciplina científica llamada Dendocronología que se ha desarrollado de manera extensa en Chile central y Patagonia, mientras que para el Altiplano es relativamente reciente. Es una disciplina que estudia los cambios ambientales del pasado analizando los anillos de crecimiento anual de los árboles.

En 2015-2016, Bolivia sufrió la peor sequía de los últimos 25 años, afectando alrededor de 290.000 hectáreas agrícolas y 360.000 cabezas de ganado en 8 de los 9 departamentos del país. Las sequías son componentes de la variabilidad climática de especial relevancia para esta región semiárida de la cordillera de los Andes.

En el contexto del calentamiento global que experimenta el planeta, el recurso hídrico del Altiplano es fundamental para la conservación de la biodiversidad y las actividades socioeconómicas tales como el pastoreo, la minería y el turismo. El análisis de los datos instrumentales de precipitación en la región del Altiplano se puede abordar sólo para los últimos 50 años, lo que impide detectar tendencias de largo plazo y entender si en el pasado tuvimos períodos mucho más secos o húmedos respecto al actual.

La perspectiva temporal provista por las reconstrucciones hidroclimáticas, nos permite encuadrar el período de registros instrumentales en un contexto de varios siglos, y por lo tanto establecer, que los cambios en las lluvias observados en los registros instrumentales no son totalmente representativos de las variaciones naturales de la precipitación de los últimos 700 años. 

Nuestros estudios muestran que las condiciones de permanente aridez que han predominado durante las últimas décadas han reducido sustancialmente la superficie de las lagunas del Altiplano, afectando una gran diversidad de aves acuáticas, mamíferos, reptiles y algunas especies de anfibios que dependen de los recursos ofrecidos por estos ambientes. 

¿Qué se espera para el futuro?

En cincuenta años más, podría haber hasta un tercio menos de lluvias anuales en el Altiplano andino, amenazando el desarrollo de las actividades socioeconómicas de las poblaciones, que actualmente tienen que enfrentar condiciones de sequías.

Para llegar a esta conclusión utilizamos las reconstrucciones hidroclimáticas realizadas para la región y las comparamos con los modelos predictivos de circulación general, de esta manera validamos si los modelos simulaban realísticamente las precipitaciones pasadas y presentes, y por lo tanto representar proyecciones futuras confiables.

Encontramos que los modelos describen bien los cambios pasados en las precipitaciones ya que estos cambios son similares a los observados en las reconstrucciones de las lluvias de los últimos 700 años y a los de los datos meteorológicos de precipitación del siglo XX. Para 2071-2100, los modelos proyectan una abrupta disminución de las lluvias que varían entre 19% y 30% dependiendo del escenario de emisión de gases de efecto invernadero que se esté utilizando en las simulaciones.

Estos escenarios de emisiones futuras son imágenes alternativas de lo que podría acontecer en el futuro y son de utilidad para el análisis del cambio climático, y en particular para la creación de modelos del clima, para la evaluación de los impactos y para las iniciativas de adaptación y de mitigación.

La disponibilidad de agua ha sido históricamente crítica en esta región, incluso están planteadas  hipótesis de sequías prolongadas como la ocurrida a comienzos del siglo XIV, que desestabilizaron la economía local basada en la agricultura de secano y el pastoreo, provocando un período de luchas entre comunidades vecinas por el acceso a los recursos y la consecuente necesidad de la construcción de fortalezas defensivas.

La disminución de lluvias proyectada para el siglo XXI junto con la creciente demanda por agua, incrementarán la presión sobre los recursos hídricos del Altiplano y deberán ser consideradas prioritarias por los tomadores de decisión para evitar conflictos sociales tanto a nivel local como regional. Bajo este escenario, es sumamente relevante anticipar la posible ocurrencia de estos cambios hidroclimáticos a los administradores de los recursos hídricos con el fin de planificar y aplicar estrategias adaptativas para reducir estas vulnerabilidades de manera de garantizar un suministro suficiente y equitativo de agua ante su futura escasez.

Por Mariano Morales -  Investigador Adjunto IANIGLA